Distraída y mirando hacia afuera. Aunque a veces me volteaba un poco para mirarme a mi misma en el espejo del automóvil, mientras vos, concentrado al volante conducías. Yo imaginándome tus pensamientos, que como no disimulabas en absoluto, los podía leer muy bien, y tú intentando descubrir quién sabe que cosa sobre mi, suspiras e imploras en silencio varias veces. Yo poco a poco me voy desnudando, se muy bien lo que quieres, pero me infantilizo, siento miedo, no quiero bajar la guardia ni dejar mi pecho desnudo, abierto, mostrando todos mis flancos. No hables, por favor no repitas eso ! Por lo menos esas palabras escóndelas en un lugar que sólo nosotros conozcamos ! Quiero interrumpir al silencio, y busco un tema de conversación, pero otro, no el que quieres tú ! Un tema ancho y largo que pueda devorar las horas del trayecto. Recién salimos del pueblo. Sin que te des cuenta suspiro hondo, porque ya no quiero ver más este pueblo, se mantiene exactamente igual desde el día que llegué; inmóvil, miserable, dormido. La poesía y lo romántico, es el modo es el modo que tiene el afecto de compensar la miseria y la mediocridad.

Se que no me entiendes, ni yo lo logro a veces.

Seguiré mirando hacia adelante, me dejo hipnotizar por la raya blanca que divide el tráfico de la carretera... pero me muero de ganas que me acaricies para que me voltee hacía ti...Abrazarte, besarte. Tú tan fuerte y tan débil. Tan joven y tan viejo. Joven con la perversidad intuitiva de la inocencia.

Me fijo en eso, en la raya blanca que divide el tráfico y advierte el peligro a que se expone quien intente cruzar en sentido prohibido... Pero qué tentador es !

Pero me distraes de la raya la blanca ofreciéndome unos cigarrillos, me abres el techo y me regalas el cielo que se me cae encima en pedazos...aumentas el sonido de la música; es en portugués y envolvente, cierro los ojos y te la dedico en silencio... Saludiitos, Samantha Jones