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Me gusta cuando me agarras fuerte de las caderas mientras me decísque soy tu prisionera, no me dejas escapar,hasta me quedo sin fuerzas. Juegas a hacerme feliz con todos tus sentidos puestos en mi piel. Mides centímetro a centímetro con tu lengua la distancia entre mi coxis y mi ombligo tomando la ruta peligrosa.No dibujas con pinceles de acuarela corazones en mi espalda. Pero no me importa porque coloreas mi carne inmaculada con un rojo tan intenso que me quema. Juegas a volverme loca arrancandome los más sonoros gemidos. Obediente y solícita. Una bonita muñeca a la que proponer tus fantasías...
Me sonreís. Y esa sonrisa perversa me desarma ante cualquier proposición indecente. Las instrucciones son simples. De espaldas al techo me abrazo a la almohada y espero. Cierro los ojos. Me quedo sin aliento. Te siento, mucho, pero dejo de ser yo por un momento. Acercas tus labios a mi nuca y me preguntas, algo. Te miento.Te digo que no, pero sabes muy bien que es un sí.Sonreís de nuevo. Yo sigo temblando. Muy quieta sobre las sábanas recupero el ritmo de mis latidos y respiro. Se te escapa una mirada tierna, pero me aseguras que ésto es solo el principio...Hasta el próximo post siempre aquí con ustedes mis queridos blogueros, Samantha = )