¿Cómo gritarle al mundo en la oreja que estoy enamorada de la nada?
Blancanieves corría desnuda por un bosque repleto de paradojas.
Alicia se sumergía en un mar de lágrimas y fantasías.
¿Cómo decirle al mundo que las niñas ya no son niñas; que no queremos coronas, escobas y calabazas, ni siquiera un hada madrina? Tan solo queremos un billete de ida al país de los sueños, donde las maravillas contengan un apartamento con una gran vista al infinito...
Y aunque parezca que no te quiero, la realidad no podría ser más lejana. Quiero que acaricies mi cielo y consumas mi infierno. Quiero declararte la guerra porque quiero conquistar tus latidos, aunque esta noche el mar tenga bandera de peligro. Pero quiero que cuando los cadáveres, callados y somnolientos, yazcan sobre los restos del remolino, no me pidas que cambie, no me exijas que sea sincera.
¿Cómo mostrarte que no es lo que decís, sino cómo lo decís? No logro saber cómo contarte que los nombres arrastran historias y que las leyendas nos nutren de sueños. Que las princesas ya no quieren caballeros porque prefieren jugar con dragones; que las niñas han encontrado su cara oculta caminando solas por el bosque y que no tengo miedo del lobo, porque quiero saber qué hay más allá del laberinto, del País de las Maravillas; porque quiero ser la Reina de Corazones...
Hasta el próximo post, Samantha